
Todo fuera como eso: La patria suave y dura
Sereno, taciturno, humilde y fuerte en el sufrimiento, un escritor a orillas del modernismo, frívolamente y a destiempo alguna vez nombrado el poeta de la patria. Todo eso fue Ramón López Velarde. Su obra, sin embargo, fue el contrapunto a la cultura oficialista del México posrevolucionario, a pesar de la popularización de Suave patria. Un poema -que si el día amaneció de suerte- lo conocen sólo por un verso, bien o mal citado en algunos recuerdos atroces de la primaria. Porque la memoria es cada vez más mezquina y de alcance más corto.
No tienen por qué saberlo todos, por supuesto, pero Ramón López Velarde, nacido en Jerez, Zacatecas en 1888 es uno de los escritores más inteligentes de toda la literatura mexicana. Con José Juan Tablada, efectivamente, participó en la transición del modernismo a la modernidad. Ni poeta de provincia, ni artista “campirano”, como dijo Alfonso Reyes, su obra fue una tentativa de fundar una tradición moderna que cambió las letras y a los lectores desde entonces.
Seminarista durante toda su adolescencia, estudió leyes y en 1916 publicó su primer libro de poesía La sangre devota. En 1919 apareció el segundo, Zozobra. Su poesía, vista en un principio como recuperación de los temas de provincia, fue en realidad la invención de imágenes y situaciones
aparentemente bucólicas que en realidad presentanban un desplazamiento espiritual insondable, con de las adjetivaciones más precisas. En sus palabras, lo que a primera vista parece inocente es en realidad profundamente inquietante y desestabilizador porque en su obra enfrentó a la realidad y al deseo, la santidad y el pecado y la gloria y el infierno. Murió prematuramente con apenas 33 años.
Justo en el año de su muerte, en 1921 López Velarde fue elevado a la estatura de poeta nacional, de descubridor del verdadero México. Y es que tampoco recordaron – si es que alguna lo supieron- que, además de una exaltación nacionalista hubo otra, menos vertiginosa y patriotera pero también mucho más importante: Ramón López Velarde se encaminó a consagrarse, simplemente, como un gran poeta del idioma español capaz de romper con las herencias decimonónicas añejas y gastadas y creador, a la vez de un mundo oscuro y brillantísimo, lleno de angustia y apasionamiento pero también capaz de provocar las más simples alegrías.
¿La patria? Claro. Y la dijo como nadie, todo fuera como eso: en la Suave Patria, en Novedad de la patria, en La Fealdad Conquistadora.
Y si alguna vez López Velarde se pone sombrío es porque México peligra y la causa de su temor proviene de que “quieren morir su ánima y su estilo”. Por eso escribe así los versos finales de la Suave Patria: “Patria, te doy de tu dicha la clave: sé siempre igual, fiel a tu espejo diario;/ cincuenta veces es igual el Ave taladrada en el hilo del rosario, /y es más feliz que tú, Patria suave”…
CREDITO:
Cecilia Kühne
http://eleconomista.com.mx 2010-06-17 15:28:03